14 de agosto de 2009

¿Estarías dispuesto a dar tu vida por él?



Quizás por alguno que haya sido bueno tu lo pensarías, pero la verdad, que dar nuestra vida por alguien “que no lo vale”, ciertamente no lo haríamos.

Tal vez Dios al mirarnos vea nuestra verdadera miseria tal como nosotros vemos a un mendigo, desprovistos, carentes, faltos de limpieza y aseo, mal olientes, etc., todo como producto de nuestros egoísmos, orgullos, faltas de perdón, en fin, posiblemente una larga lista se podría desprender de un breve análisis.

Pero aun bajo esa perspectiva del mendigo, Dios estuvo dispuesto a dar su vida, en su hijo por nosotros, como dice la escritura:

Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.
(Rom 5:8)


Cristo dio su vida en la cruz por nosotros, el no está esperando a que nosotros cambiemos de lo malo a lo bueno, para acercarse, sino tal como estamos hoy y ahora él se acerca a nuestras vidas.
No vino por personas justas o buenas, sino que vino a este mundo en busca de los perdidos, de los malos, de los mendigos, de los que han fallado, caído o herido.
Al ver los escribas de los fariseos que El comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a sus discípulos: ¿Por qué El come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores? Al oír esto, Jesús les dijo*: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
(Mar 2:16-17)


Arrepentimiento, esa es la palabra que abre el corazón a Cristo. Te vez necesitado de ella, pues busca a Dios en el lugar donde dijo que se le hallaría siempre:

Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.
(Mat 6:6)

En lo secreto, a solas con él, allí donde tú sabes que solo estás con Dios y sólo él te puede escuchar, donde ningún hombre te ve o te pueda escuchar. De esa manera sabrás al ver las respuestas a tus oraciones que sólo Dios las escuchó.
Cristo no se resiste a un corazón arrepentido, por eso vino a buscarte. Por fe, sin ver, solo creer en el hijo de Dios que murió en la cruz por ti.

 
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